Para que tus hijos lean – Animación a la lectura

A veces nos preguntamos qué podemos hacer para acostumbrar a los peques y los jóvenes a leer pero no sabemos qué responder. Aquí os voy a proponer algunas ideas prácticas que podéis poner en marcha con vuestros hijos y/o sobrinos para animarlos a practicar la lectura. Las he recopilado de diferentes fuentes, eligiendo las que más me han gustado de entre ellas. Este sería mi segundo artículo sobre esta temática, el primero lo podéis consultar aquí porque está lleno de consejos útiles. Y quizás escriba más entradas en esta línea en unas semanas. Permaneced atentos.

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Ya lo dije en el artículo que os referenciaba en el anterior párrafo, pero quiero insistir en ello: NUNCA OBLIGAR A LEER A NADIE. Entonces, si no se les obliga, ¿cómo se consigue que los pequeños lean? Haciendo que la lectura sea una celebración, un premio, una fiesta, un placer. Veamos cómo:

  • El ejemplo. Siempre lo he pensado, y siempre lo he dicho, así que lo repito: si no damos ejemplo en nuestra cotidianeidad de aquellas conductas que queremos transmitir a quienes nos rodean y amamos, ¿cómo van a transmitirse dichas conductas? Los niños son imitadores natos, especialmente de los mayores. Si el niño vive en un ambiente lector y lo mama desde la cuna, acabará por pedir libros para leer. Y, probablemente, querrá leerlos en compañía. Debes reservar un tiempo para satisfacer dichos deseos.
  • Lee libros de tus hijos. Si lees algunos de sus libros (tampoco es necesario leerlos todos, aunque muchas veces son tan divertidos y rápidos de leer que acabarás devorando su biblioteca), además de estar dando ejemplo, podrás hablar con ellos de los personajes, de la trama y, sobre todo, hacerles saber lo bien que te lo has pasado leyendo esas historias.
  • Haz un marcapáginas con tu hijo/a. Coge materiales varios (tijeras, goma eva, cartulinas de colores, pegamento, ceras, acuarelas, etcétera…) y ponte a trabajar con tu peque en un marcapáginas chulísimo que podrá utilizar en el próximo libro que se lea. Si usar el marcapáginas se convierte de alguna forma en un juego para él, también le ayudará a leer.
  • La hora del cuento. Acordar con los peques una hora concreta al día para leer un cuento. El adulto lo lee en voz alta a la hora prevista (puede ser después de cenar, ya en la cama) y, después, se fomenta una conversación sobre lo leído con preguntas del tipo “¿cuál es tu personaje favorito?”, “¿te ha gustado el final?”, “y si pudieras escribir otro final, ¿cómo lo terminarías?”, “¿es adecuado el título o le pondrías  otro?”, “¿habrías quitado algún personaje?”, etc.
  • Bibliotecas y animación a la lectura. Cada vez más bibliotecas públicas organizan cuentacuentos y otras actividades de animación a la lectura. Intenta acudir con tus peques a estos eventos de vez en cuando (casi mejor si se hace con una frecuencia fija para convertirlo en un hábito). También algunas librerías se están apuntando a esta opción como una forma (muy positiva, por cierto) de atraer clientela y fomentar la lectura creando nuevos amantes de las historias y futuros lectores.
  • Visitar bibliotecas y/o librerías. No sólo cuando hay actividades de animación a la lectura. De hecho, nuestros peques aceptarán mejor acudir a dichos eventos si ya tienen la costumbre de ir cada dos o cuatro semanas a ver, tocar, ojear y elegir así los libros que les apetece leer a ellos.
  • Jugar con libros. Podemos aprovechar las visitas a librerías y bibliotecas (o, incluso hacerlo en casa, dependiendo del tipo de juego), para plantear pequeños divertimentos que hagan del libro un objeto simpático. Por ejemplo:
    • Jugar a adivinar cuántas páginas tiene un libro. Cogemos un libro al azar (por turnos, primero lo coge un adulto, luego un niño, etcétera) y todos tenemos que decir un número de páginas. El que más cerca quede, suma un punto (toma nota en un papel). Se repite la operación con cuatro o cinco libros más y, al final, se proclama un ganador.
    • Coger dos libros al azar y coger la/s primera/s palabra/s del título de uno de ellos y la/s última/s del otro para crear un título nuevo (De “Las aventuras de Tom Sawyer” y “Harry Potter y la Orden del Fénix” saldría “Las aventuras de la Orden del Fénix”, por ejemplo) que apuntaremos en un papel. Repetimos la operación con unos cuantos libros más y cuando tengamos cinco o seis títulos construidos con este sistema, el niño podrá elegir uno de ellos (tan sólo uno) y, esa noche, en vez de leer una historia, inventaremos entre niño/s y adulto/s una nueva historia acorde al título escogido.
    • Adivinar si la primera letra del primer capítulo de un libro cogido al azar es vocal o consonante (o algún criterio similar). El que acierte suma un punto y se repite la operación con unos pocos libros más. Al final se proclama un ganador.
    • Si los anteriores juegos podrían hacerse con cierta facilidad y sin llamar mucho la atención en una librería o biblioteca (siendo prudentes siempre, eso sí), propongo a continuación otros que es mejor realizar en casa porque también requieren mayor preparación previa por parte del adulto. Por ejemplo: preparar en una hoja varios títulos de libros y en otra (o en varias), la/s primera/s frases de cada uno de esos libros. Habrá que adivinar a qué comienzo corresponde cada título, sumando un punto por cada acierto, hasta proclamar un ganador.
    • Descubrir un secreto.  Mediante pistas concretas que les permita encontrar letras o palabras en los libros de casa los peques tendrán que formar una palabra o frase secreta a cuyo descubrimiento les hemos retado. Por ejemplo, la primera letra del segundo párrafo de la página 83 del libro “X”. La quinta letra del renglón correspondiente al número de letras del nombre del protagonista del libro “Y” (en este ejemplo se buscan letras, pero también se puede hacer buscando palabras para formar una frase como por ejemplo esta: “Vamos a ir a comprar el último libro de El diario de Greg”. El premio sería, en este caso, cumplir con lo que dice la frase secreta que tienen que descubrir que, en este ejemplo, está relacionado con la lectura pero también podría ser “Hoy cenaremos pizza y Coca-Cola”.
    • A la hora de regalar un libro a los peques (por su cumpleaños o lo que sea) podemos esconderlo en algún sitio y hacer un circuito de pistas con pequeñas notas que le irán guiando por la casa de pista en pista hasta encontrar el libro.
    • Jugar al escondite, pero con libros. Es decir, esconder un libro concreto y jugar a buscarlo. Se puede utilizar la variante de frío y caliente para ayudar a los pequeños en la búsqueda.
    • PREMIOS: En los juegos con ganador el premio podría ser algo relacionado con la lectura. Por ejemplo que, si gana el niño, esta noche leeremos con él/ella dos cuentos en vez de uno. Si gana el adulto éste tendrá derecho a elegir para leer esa noche un cuento diciéndole al peque que su final no sea de sus favoritos y, al leerlo, cambiarle el final (tocará usar la imaginación, eso sí).
  • Accesibilidad. Una cosa básica y de perogrullo pero que no está de más decirlo: los libros de nuestros hijos deben estar en un lugar accesible para ellos, de manera que puedan cogerlos sin necesitar de nuestra ayuda cada vez que quieran. De poco sirve tenerlos en el estante más alto y que tengan que esperarnos para que se los alcancemos.
  • La biblioteca del niño. Como si fuera una especie de juego también se puede ayudar al niño a crear un catálogo con fichas (o por ordenador) de los libros de su biblioteca casera, poniendo título, autor, editorial, año de publicación y poco más (quizás número de páginas y fecha de compra). Para hacer el juego más atractivo, los padres pueden visitar la biblioteca del niño de vez en cuando y sacar libros en préstamo, para lo que el peque tendrá que llevar un control de préstamos y devoluciones.
  • Jugar a ser librero. De un modo similar al anterior, aunque sin necesidad de hacer un catálogo, se puede jugar a que el niño monte una especie de librería en su habitación, poniendo los libros en la cama como si fuera un mostrador por áreas temáticas, etcétera. Los padres visitarían la librería y en una especie de juego de roles simularían querer comprar un libro de un determinado género o estilo y el niño, como si fuera el librero, les aconsejará de entre los libros que tiene los más adecuados.

Y eso es todo de momento.

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